Domingo, 26 Noviembre 2017

El agente inmobiliario feliz

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Feliz

 

A los más ingenuos les recuerdo que el futuro ya está aquí, en realidad siempre lo estuvo. Yo tarde treinta y dos años en darme cuenta, pero al final lo descubrí.

Desde entonces, y ya van veinte años, tal como decía Einstein, procuro vivir como si fuera a morir mañana y aprender como si no fuera a morir nunca. Desde entonces, ando de pelea con mi zona de confort. Desde entonces, ocupo mi bien más precioso, el tiempo, en hacer cosas que valen la pena.

“Cuanto más, mejor “, dice la máxima inmobiliaria. Quizás por eso compañeros de profesión de toda España, que han pasado con nota las dificultades que fueron apareciendo durante la crisis, se afanan ahora en crear enormes oficinas inmobiliarias con decenas de agentes, “autónomos” (dicen con la boca pequeña). En una especie de concurso para ver quien la tiene más grande (la inmobiliaria digo…).

Que flaca es la memoria, ya no recuerdan que las grandes organizaciones, hace diez años, fueron las primeras en caer por el empuje de la crisis.¿O quizás si lo recuerdan y por eso "contratan autónomos"?

No está en mis planes intentar ser un mega empresario inmobiliario, no quiero ser el que más vende, ni el que más dinero gana (no me pone la pasta). Simplemente aspiro a que los clientes de nuestra empresa (muchos o pocos) hablen bien de nosotros porque les prestamos un servicio excelente.

Dios me libre de criticar a aquellos que se creyeron a pie juntilla todo lo que leyeron en “el agente inmobiliario millonario” y han convertido ese libro en su biblia. Que para los que no sois del sector, os diré que es un interesante best seller inmobiliario, donde los autores, basándose en un laborioso estudio, explican el camino que un agente inmobiliario debe seguir para hacerse rico.

Alguien tendrá que escribir algún día “el agente inmobiliario feliz”. Y no seré yo el autor de tan pretencioso acto literario, a pesar de haberme especializado en la laboriosa tarea de perseguir la felicidad, conjugando las clásicas variables existenciales: familia, trabajo y aficiones.

Si algo sobra en estos ruidosos tiempos modernos son, influencers, gurús y coachs de pacotilla, expertos en vender la moto, a base de dar ánimos, con proclamas tan previsibles como falsas.

Yo mientras tanto seguiré dedicándome a intentar ser un agente inmobiliario feliz, persiguiendo el bien más preciado que existe en este mundo tan moderno, el tiempo. Tiempo para hacer cosas que valen la pena, con mi familia, con mis clientes y con mi bicicleta.

 

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